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  • 21 noviembre 2017

    El arte de la "negociación" por el trabajador en un conflicto laboral individual.




    La situación típica de Españistán que vamos a comentar en este nuevo artículo de Laboro es la siguiente: el empresaurio te llama "al despacho" y te dice que ha decidido hacer algo contigo y/o con la empresa; por ejemplo despedirte, cambiarte de contrato, trasladarte de centro de trabajo incluso a otra ciudad, cerrar la empresa, trasladar la empresa, bajarte el sueldo, cambiarte el horario, etc. etc. Da lo mismo lo que haya decidido a efectos de lo que a continuación se explicará. Lo principal del asunto es que te dice que a consecuencia de esa decisión suya entonces tú tienes dos opciones, o tres o cuatro o las que él diga y te las explica un poco por encima: la A, la B, la C, etc. Finaliza diciéndote que ahora tú tienes que escoger una de esas opciones y decirle cuál es tu decisión.

    Habitualmente también añaden que esa decisión la tienes que tomar en X días e incluso a veces dicen que la tienes que tomar allí mismo, en su empresaurial presencia. También podría suceder, por no decir seguro, que te lo comunicaran todo solo verbalmente y en caso de que hubiera algún escrito no estuviera firmado por la empresa; pero que si tú aceptaras alguna de las opciones entonces sí que tuvieras que firmar un documento, del que puede que ni siquiera te quisieran dar copia.

    Pues bien, los suscriptores de Laboro ya se estarán imaginando lo que viene a continuación, que por supuesto es sencillamente que en realidad las opciones generales oscilan entre el jamón con chorreras y la m... pinchá en un p..., que son consonantes que dan mucho juego, pasando por el menos conocido futbolín donde la espalda pierde su nombre.

    En general, ese planteamiento sería tan absurdo como si en plena partida de ajedrez Karpov le dijera a Kasparov que tiene dos opciones, o avanzar un paso el peón de rey o el enroque largo y que tiene 2 minutos para hacerlo. Pero la terca realidad seria que Kasparov podría mover la pieza que le saliera de las narices y no solo las que le dijera Karpov, porque sus movimientos posibles los limitaría solo el reglamento del ajedrez y no Karpov, que no sería quién ni siquiera para decirle que tuviera que hacer algo. Además de que tampoco tendría por qué mover en 2 minutos por las mismas razones. Aparte de que Kasparov tendría razonables sospechas de que el mejor movimiento que pudiera hacer no fuera ninguno de los que le dijera Karpov.

    Como es obvio, el trabajador puede aplicar la misma "técnica" en los conflictos que surjan con su empresaurio en sus relaciones laborales. ¿O es que no es obvio? Pues por lo visto no lo es o desde luego no lo es para todos, porque todos los días son miles los trabajadores que entran al despacho y escogen una de las opciones que dice la empresa que tiene y en el plazo que dice la empresa que tiene. ¿No os lo creéis? Pues no seáis tan incrédulos porque todos los días los hay que incluso firman su dimisión, porque por lo visto tenían obligación de dimitir "por ley" porque el jefe se lo ha dicho pensando en su interés como trabajador.

    Pero la realidad es la que es y no necesariamente la que diga el empresaurio. Es decir que en cada momento serás tú quién decida lo que vas a hacer y cuándo hacerlo según lo que indique el Estatuto de los Trabajadores y la Ley de Jurisdicción Social. Lo mismo que en cada momento Kasparov decidirá qué pieza mover y cuándo moverla dentro del reglamento del ajedrez. Pero además tú tienes la posibilidad añadida de "pasar", cosa que no puede hacer Kasparov jugando al ajedrez. Es decir que entre las opciones que tengas siempre estará la opción de no hacer nada o "pasar" y que el empresaurio mueva ficha si quiere. Si moviera ficha, es decir si te comunicara una decisión firme de él por escrito o verbalmente, entonces tú moverías ficha si quisieras o bien "pasarías" otra vez. En resumen: en la partida jugaríais tú y el empresaurio y no sería solo el empresaurio quien pudiera mover tanto las blancas como las negras.

    Por tanto la posibilidad que siempre tendrás será de la informarte mejor y luego tomar una decisión, que no tendría por qué ser necesariamente solo una de las que hubiera propuesto el empresaurio. O bien informarte mejor y luego tomar la decisión de no tomar ninguna decisión y que el empresaurio entonces hiciera lo que quisiera dentro de lo que pudiera y supiera hacer, que a veces no sería mucho. Al respecto puedes recordar siempre este mandamiento de la "ley de Laboro": siempre tendrías al menos un plazo de 20 días hábiles para reclamar contra lo que hiciera la empresa a no ser que firmaras algún documento que contuviera una fecha falsa anterior. Para que lo entiendas mejor: 20dh son al menos 4 semanas o más si hubieran festivos por medio. Además en muchos casos el plazo no es solo de 20dh sino que llaga al año e incluso a más en algunos casos.

    Alguno puede que dijera que esta forma de proceder tendría la supuesta "desventaja" de que el trabajador tendría que conocer las opciones que tuviera incluyendo la de "pasar", cuál sería o podría ser la mejor y los plazos para ejercerlas. Nos ha jodido mayo... igual que Kasparov tiene que saber jugar al ajedrez y eso no sería una especie de desventaja. Es decir que si no supiera tendría que aprender y mejor antes de empezar la partida y si no sabe que no empiece o que se atenga a las consecuencias, porque es un adulto y no es un niño cuya mamá sea la inspección de trabajo. Pero lo que seguramente no tendría que hacer con la excusa de no saber jugar sería hacerle caso a Karpov, ni al entrenador de Karpov ni a un empleado de Karpov, porque curiosamente de esa forma lo mismo hasta perdería la partida. Menos aún tendría por qué hacerle caso a Karpov si lo que le recomendara curiosamente fuera rendirse. ¿A que es obvio? Pues ahora cuenta las veces en las que has conocido casos de trabajadores que en la encerrona han firmado una de las opciones que le daba la empresa, incluyendo la dimisión, o para "asegurarse" le han ido a preguntar a la asesoría de la empresa, o le han ido a preguntar a RR.HH. de la empresa o le han ido a preguntar a otro empleado que la empresa decidió en su día que fuera el supuesto "representante de los trabajadores" y que además sabe lo mismo de nóminas y de despidos que de física cuántica.

    Se trata sencillamente de tener y mantener un criterio propio y darse cuenta desde el principio de que en la relación laboral el empresaurio no es tu amigo sino quien te explota, es decir quien se queda con la mayor parte del fruto de tu trabajo y que por tanto puedes poner en duda prácticamente cualquier cosa que te diga en lo que se refiera al transcurso de tu relación laboral: contratos, centros de trabajo, salario, horarios, despidos, etc. Para adultos auténticos, que puede que el no serlo sea el verdadero problema de algunos, esto no tendría por qué ser tan difícil técnicamente como les pudiera parecer. Por ejemplo, podría suceder que Manolo el del bar no fuera Karpov precisamente; incluso que ni se supiera ni los nombres de las piezas ni sus movimientos posibles. Pero que ganara todas sus partidas porque se saltara el reglamento y porque sus oponentes movieran siempre lo que él les dijera o no movieran si no se lo dijera y hasta se rindieran cuando él lo dijera. Veamos un ejemplo que sin duda se produce cada día en alguna sede empresaurial y se seguirá produciendo, porque es realmente el combustible que hace funcionar Españistán:

    • Toñi la camarera cobra 3.000€ anuales por encima de su salario mínimo de convenio, porque así lo negoció en su día en su contrato cuando comenzó la relación laboral.
    • A Manolo el del bar le jode mucho que cobre por encima de convenio porque sabe que en otros bares a los camareros les pagan como mucho el salario de convenio y eso con suerte, porque en muchos ni eso. Pero el bar no va mal en absoluto, ni hay ningún otro tipo de razón organizativa o productiva que le permitiera a Manolo quitarle esos 3.000€ a Toñi.
    • Manolo le dice un día verbalmente a Toñi que tiene muchos gastos y que le tiene que bajar 3.000€ el sueldo y que es o eso o el despido.
    • Si prefiere el despido, le dice que tiene que firmar en ese mismo momento la carta de dicho despido objetivo con la indemnización de 20d/año y por supuesto el finiquito con renuncia a reclamación posterior. Realmente esta opción no es la que quiere Manolo porque no es gratis. Aunque seguramente que Manolo tampoco la despreciaría si no hubiera más remedio porque el coste del despido de Toñi lo pagaría realmente el siguiente camarero al cobrar menos que Toñi.
    • Si prefiere la rebaja, le dice que tiene que firmar en ese mismo momento una modificación de contrato por mutuo acuerdo. Por supuesto esta es la opción que Manolo quiere realmente que escoja Toñi, porque no solo sería gratis sino que además le ahorraría 3.000€ anuales. La otra opción es solo para acojonar a Toñi porque la negociación es el arte de hacerle creer al otro que la opción que tú quieres es la mejor para él comparándola con las demás. Por eso Manolo no le dice a Toñi que le baja el sueldo y punto sino que le da dos opciones para que al final se crea que es ella quien ha elegido lo mejor para sí misma. Por la misma razón, Manolo tampoco le dice a Toñi que opción prefiere él. Lo más importante: por la misma razón Manolo no le dice a Toñi que podrían existir otras opciones distintas entre las que estaría el que Toñi no hiciera nada de momento.
    • No hay que ser Perry Mansón para darse cuenta de que Toñi no tiene por qué elegir ninguna de esas dos opciones y menos aún en ese mismo momento y que ni siquiera tiene por qué decirle a Manolo cuáles serían sus siguientes movimientos. En la reunión lo que habría comenzado sería una partida de ajedrez en la que Manolo querría ganar, pero solo puede ganar uno o empatar pero no pueden ganar los dos. Así que el objetivo de Manolo en esa encerrona no sería ayudar o informar a Toñi precisamente. Por otro lado, para algunos trabajadores ganar es conservar el empleo pero para otros ganar es que les echen con indemnización de despido improcedente, por lo que Toñi tampoco tendría por qué decirle a Manolo qué forma de ganar le gustaría más a ella, porque ese dato podría ser muy valioso para Manolo para decidir él sus próximos movimientos.
    • Si Toñi simplemente no firmara nada ni diera explicación alguna entonces la pelota quedaría en el tejado de Manolo, que eso era precisamente lo que no quería y por lo que pretendía que fuera Toñi quien moviera ficha. En ese caso Manolo podría hacer habitualmente al menos tres cosas:
      1. No hacer nada, es decir seguirle pagando a Toñi los 3.000€ anuales.
      2. Despedirla. Pero como no tiene razón alguna para hacerlo tendría que optar entre los "despidos inventados". Por ejemplo, el despido objetivo como excusa, el despido disciplinario a ver si cuela o incluso el despido disciplinario con susto. Pero si Toñi presentara demanda de impugnación del despido en el plazo de 20dh, podría ser declarado improcedente y por tanto con una indemnización mucho mayor que la que decía Manolo. Eso si no fuera nulo con readmisión obligatoria. Por supuesto, en la misma demanda Toñi podría reclamar cualquier otra deuda de los últimos 12m porque no habría firmado el finiquito con renuncia.
      3. Bajarle el sueldo igualmente. Pero como no tendría razón alguna para hacerlo, Toñi también podría presentar demanda de impugnación de dicha rebaja en el mismo plazo de 20dh y recuperar su salario original.
    • Por lo que Toñi habría ganado la partida en cualquiera de estos 3 casos, porque en todos ellos o bien se quedaría y manteniendo su salario o bien se iría pero cobrando la máxima indemnización. ¿Que Toñi prefiere quedarse cobrando 3.000€ menos con tal de que no la echen? Ella verá lo que hace, pero a lo mejor no se da cuenta de que empezar a cobrar 3.000€ menos no solo no impediría un despido posterior sino que además rebajaría el importe de la indemnización del mismo y del paro que cobrara.

    Este artículo ha quedado inscrito en la sección de "artículos principales" que a más de un trabajador le convendría leer para darse cuenta de que muchas cosas que daba por sentadas en el mundo del trabajo sencillamente son mentira y que ignora muchas otras que sí que son verdad.

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    6 comentarios:

    Ismael Segarra dijo...

    Quizá me equivoque pero me parece que esta pequeña historia queda bien aquí, porque demuestra hasta que punto muchas veces no nos quejamos y tragamos por costumbre, y en realidad los trabajadores tenemos más opciones de las que creemos.

    Estuve dos años en una empresa dirigida por un empresaurio de primer nivel. Contrato por debajo de mí categoria, horas extra obligatorias que no cobraba y un sin fin más de mierdas. Un día me cansé y me dije que ya estaba, me miré bien todo y entré en el despacho del jefe para regularizar la situación, por lo que pudiera pasar grabaría conversación con el móvil y estuve durante dos semanas ensayando con mi pareja la conversación para saber hacer que dijera en voz alta las irregularidades que cometía.

    Me siento en el despacho y al poco de empezar fue él mismo el que no paró de decir todo lo que hacía, termina y me dice “es lo que hay si no ya sabes” a lo que yo respondí “bueno, no se, esto lo podríamos hablar al menos, no?” y me responde “no, pues ya está, mañana vas a la gestoría, que hagan lo que tengan que hacer y te den el finiquito”.

    Cuando al día siguiente fuí a la gestoria me dicen al sentarme “bueno, me ha dicho XXX que lo quieres dejar, no?” y le digo que no, les explico la situación real y que bueno, que si me quiere despedir vale, pero que habrá que hacerlo bien y justo entonces saco el móvil y lo pongo encima de la mesa, nunca olvidaré su cara, se queda pensando un momento y me dice que si puedo esperar un momento que va a hablar con el jefe, le digo que sin problema.

    1 hora después habíamos llegado a un acuerdo, tenía mi paro (lógico, esta iba a caer seguro) y una indemnización equivalente a casi un año de sueldo. Y todo porque el jefe estaba tan acostumbrado a hacer lo que quería que cuando uno le puso un pero, ni siquiera se preocupó de tener cuidado.

    A veces solo hace falta plantarse un poquito.

    Jomoru Ruano dijo...

    Buenas, en primer lugar felicitar como siempre a laboro puesto que nos instruye mucho sobre los abusos continuos que sufrimos los trabajadores y como podemos afrontarlos.
    En mi opinión todo lo mencionado en dicho artículo es real como la vida misma, pero también es real, que no es fácil como trabajador plantarse delante del empresario, a no ser que la situación realmente sea insostenible por los abusos constantes del empresario, puesto que el empresario ( que no tiene vergüenza, por utilizar un termino suave ) conoce bien la situación del trabajador, casado con hijos en edad escolar, con un solo sueldo en casa, con hipoteca, con la dificultad añadida de encontrar otro trabajo en estos tiempos por la edad que uno tiene etc etc etc y todo eso le sirve como argumento para la poca vergüenza del empresario de aprovecharse del trabajador y acabar ganando la partida de ajedrez.
    Es muy triste la situación y mucho mas cuando la ley laboral cada vez mas la están haciendo a gusto y disfrute de la poca vergüenza por no decir ninguna del empresario.
    Lo que si me queda muy claro que no podemos ir de pardillos por la vida y creernos todo lo que nos diga el empresario debemos poner de nuestra parte y conocer todos nuestros derechos y obligaciones para poder afrontar con seguridad, si se da el caso, la famosa partida de ajedrez.
    Saludos y continuad en la linea que estáis haciendo una gran labor de información

    Laboro dijo...

    Cabe recordar que si el empresaurio no tiene vergüenza el trabajador puede pensar también en no tenerla el mismo. El empresaurio también tendrá su hipoteca y todo eso y en muchos casos tiene al menos lo mismo que perder que un trabajador explotado, si no más. Porque una cosa es que al trabajador le toquen su empleo y se va a cobrar el paro y a otro empleo y otra cosa es que a un empresaurio le toquen su negocio, que puede no ser tan fácilmente sustituible ni mucho menos. El más débil no siempre es quien más puede perder sino que quien más puede perder, por definición, es quien más tiene que perder; porque es imposible perder lo que no se tiene.

    Lo que suele pasar es que la psicología del empresaurio suele ser la de una persona que no se arredra fácilmente, porque precisamente por eso ha sido capaz de tener una empresa con un cierto éxito durante un cierto tiempo. Dicho de otra forma: la inmensa mayoría de empresaurios no son unos "flojos" ni mucho menos... cosa que no se puede decirse ni de lejos de la inmensa mayoría de trabajadores. Y quien pierde casi siempre es sencillamente el más "flojo".

    En en lo ser flojo o no tiene poco que ver la hipoteca. Todos conoceréis jovenzuelos o no tanto que aún viven en casa de sus padres, con gastos pagados, que no tienen hijos y que están en sus primeros empleos de mierda. De mierda porque hablamos de empleos en empresas especializadas en dar empleos de ese tipo, es decir empleos solo para jóvenes de primer empleo, con salarios bajísimos, contratos temporales jamás convertidos en indefinidos, que no les sirven de experiencia válida para nada serio, etc. etc. Es decir un empleo en el que aún tragando con todo nadie tiene futuro alguno por las propias características de dicho empleo. Pues bien, entre esos jóvenes los hay a montones, por no decir la mayoría, que aplican la misma excusa de que tragan por miedo. Y no, no es por miedo, es porque son como son y por supuesto ese tipo de empresas lo saben y por supuesto que en las entrevistas de trabajo para este tipo de empleos a los que buscan realmente es precisamente a los más flojos.

    En resumen, que lo que podría preguntarse un trabajador en una situación límite, o incluso no tan límite, sería sencillamente la siguiente pregunta: "¿Realmente me voy a jubilar en esta empresa?, ¿eso es realmente posible? ¿Y aunque sea posible, parece probable que yo aguantara hasta mi jubilación en esta empresa?" Si la respuesta a estas autopreguntas fuera negativa, entonces no estaríamos hablando de si me echan o no me echan sino de cuándo me echan, cuánto me tienen que pagar si me echan y lo que voy a cobrar y a trabajar hasta que me echen.

    ENPIE dijo...

    Desde aquí mandaros un fuerte abrazo a todos los que, desde cualquier lado, intentais hacer una sociedad más justa e igualitaria, sobretodo en lo que respecta a los derechos laborales. Desde mi visión de militante sindicalista y actualmente asesor sindical creo que la mayor dificultad que tiene la clase obrera en la actualidad es su pérdida de identidad.

    No nos enfrentamos a nuestros patrones en relación de igualdad. De tú a tú. Sino bajo una relación de sumisión y obediencia extrema. Cuantas veces escuchamos que la izquierda y la derecha es lo mismo, que la empresa puede hacer lo que le da la gana, que si aquel no se mueve yo tampoco... Bla Bla Bla...la única verdad es que la lucha de clases sigue hoy bien viva. Y quien no lo ve, está ciego o prefiere mirar hacia otro lado.

    EN el artículo describes perfectamente lo que a diario vemos en los centros de trabajo. EL carácter autoritario, despótico de la clase dominante. Y por desgracia también describes el comportamiento de los que sufren de estos actos. Desidia, conformismo... La única vía para superar esta desigualdad es cambiar valores, crear conciencias... En cada consulta que realizo, más de la mitad del tiempo la dedico a ello. Sé que es un trabajo costoso, lento y a veces desesperante, pero es nuestro deber el llevarlo a cabo.

    Disculpas si en algo me he aportado del espíritu del artículo. Tan sólo manifestar mi solidaridad y profundo respeto por publicaciones que, tan a las claras, intentan abrir los ojos a una sociedad cada vez más ciega. Saludos

    Laboro dijo...

    No solo no te has apartado del espíritu del artículo sino que ese es exactamente el espíritu del artículo e incluso se podría decir de la web completa de Laboro.

    Sr. SECURRITO dijo...

    Muchas gracias por vuestro trabajo

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